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Internet, el arma secreta de la Guerra Fría

  • Foto del escritor: Maynor Moncada Funez
    Maynor Moncada Funez
  • hace 11 horas
  • 2 Min. de lectura

El origen de la infraestructura digital que sostiene al mundo contemporáneo se encuentra en los laboratorios de defensa de Estados Unidos durante la década de 1960. En un contexto de tensión nuclear constante, el Pentágono necesitaba un sistema de comunicaciones que no dependiera de una central única vulnerable a bombardeos enemigos.



Así surgió el proyecto ARPANET, diseñado bajo la premisa de la descentralización, para que cualquier nodo de la red pudiera ser destruido sin interrumpir el flujo de información entre los puntos restantes.


Esta arquitectura militar introdujo el concepto revolucionario de la conmutación de paquetes, que transformó el envío de datos en un proceso fragmentado y dinámico. En lugar de ocupar una línea completa para un solo mensaje, la tecnología permitía que la información se dividiera en piezas minúsculas que viajaban por rutas distintas para reensamblarse en el destino final.



Este avance hizo que el sistema fuera extremadamente eficiente y resistente a fallos técnicos o ataques externos, marcando el fin de la dependencia de las conexiones directas tradicionales.


La transición hacia el uso civil ocurrió cuando los protocolos de comunicación se estandarizaron para permitir que máquinas de diferentes fabricantes interactuaran sin errores. El protocolo conocido como TCP/IP se convirtió en el lenguaje universal que unificó las redes experimentales con las académicas y de investigación.



Fue en este período cuando la palabra internet comenzó a utilizarse de forma técnica para describir la interconexión de redes diversas bajo una misma norma de funcionamiento global.

Aunque hoy el uso principal de la red se enfoca en el comercio, la educación y el entretenimiento, su esqueleto técnico sigue respondiendo a principios de seguridad nacional.


Los cables submarinos y los centros de datos que forman la columna vertebral del sistema actual evolucionaron directamente de aquellos mapas de nodos estratégicos diseñados para la supervivencia del Estado. Conocer este pasado bélico ayuda a entender por qué la red es prácticamente imposible de apagar por completo, debido a su naturaleza diseñada para resistir los peores escenarios posibles.

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