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Censo Agropecuario revela fuerte crecimiento de la actividad agrícola

  • Foto del escritor: Maynor Moncada Funez
    Maynor Moncada Funez
  • 25 ene
  • 2 Min. de lectura

Los resultados más recientes del Censo Agropecuario Nacional, presentados de forma conjunta por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), confirman que Honduras ha experimentado una expansión significativa en sus tierras de cultivo.



Según el informe, la superficie destinada a la agricultura alcanzó las 1,109,748 hectáreas en 2024, lo que representa un aumento del 38.5 % en comparación con los registros obtenidos en 1993. Este repunte viene acompañado de un incremento en el número de productores, que pasó de poco más de 308 mil a 408,965 en el mismo período.


Pese a este dinamismo, las autoridades señalaron que el sector enfrenta barreras críticas. La titular de la SAG, Laura Suazo, destacó que, aunque existe un crecimiento constante, el acceso limitado a financiamiento y el elevado costo de los créditos frenan el potencial del campo.


Para contrarrestar esto, el Gobierno impulsa el programa ‘Agrocomercio’, que busca conectar a los trabajadores rurales con mercados internos y externos bajo condiciones de precios justos, además de fortalecer la asistencia técnica a través del nuevo Sistema Nacional de Extensión Agroalimentaria.


El estudio también detalló que se utilizan más de 2.7 millones de hectáreas para fines agropecuarios, de las cuales casi el 89 % son tierras propias. El censo ofreció un inventario detallado de la riqueza pecuaria del país, contabilizando más de 2.2 millones de cabezas de ganado bovino y una cifra superior a los 52 millones de aves.


Estos datos reflejan una nación con una marcada inclinación hacia la producción primaria, aunque con una distribución de tierras que varía entre propiedades privadas, arrendamientos y ejidos.


El director del INE, Eugenio Sosa, calificó el informe como una herramienta vital para el diseño de políticas públicas estratégicas. Sosa advirtió que el futuro del agro hondureño depende de la inversión en tecnología y crédito, alertando además sobre un fenómeno preocupante: el envejecimiento de la población rural y el bajo relevo generacional en las actividades del campo. Sin una intervención integral que atraiga a los jóvenes y modernice la producción, el sector corre el riesgo de perder relevancia económica frente a otros rubros.

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