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El significado espiritual de los colores de las velas refleja la fe y esperanza de los devotos

  • Foto del escritor: Maynor Moncada Funez
    Maynor Moncada Funez
  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura

Ante la conmemoración de los 279 años del hallazgo de la Virgen de Suyapa, la capital hondureña se prepara para recibir a miles de peregrinos en la Basílica con oraciones y luces.



El encendido de velas es uno de los rituales más profundos y visibles de esta festividad, representando una conexión simbólica entre la súplica del devoto y la intercesión de “La Morenita”. Cada llama encendida no es casualidad, ya que los fieles seleccionan cuidadosamente los colores de sus velas basándose en necesidades específicas, transformando el altar en un lugar de esperanza y fe.


La vela de color blanco es el símbolo universal de la pureza, la paz y la presencia de la luz divina. Los feligreses la encienden principalmente para dar gracias por los milagros recibidos durante el año y para pedir claridad espiritual en momentos de confusión. Al ser un color neutro, también se utiliza como una ofrenda general de adoración, representando un alma que busca purificarse.



Por su parte, la vela amarilla es para aquellos que buscan estabilidad y crecimiento en sus proyectos personales. Este color está estrechamente vinculado con la abundancia, el éxito en el trabajo y la protección de la economía familiar.


En el contexto de la festividad, es común ver a comerciantes y padres de familia encendiendo estas luces para pedir que el sustento no falte en sus hogares y que la sabiduría guíe sus decisiones financieras durante el año que comienza.


De igual manera, en el ámbito de las emociones y la resiliencia, la vela roja adquiere un significado que trasciende lo sentimental para enfocarse en la fortaleza. Aunque popularmente se asocia con el amor, los devotos la utilizan para pedir por la unidad familiar y la protección. Es la vela de la energía vital, empleada por quienes atraviesan pruebas difíciles y necesitan valor.


La vela verde significa salud y suele verse en mayor cantidad cerca de las áreas de oración por los enfermos, ya que simboliza la esperanza inquebrantable y la sanación física. La vela azul, por su parte, se enciende con el propósito de alcanzar serenidad, calma y alivio ante la angustia.


Muchos peregrinos que viajan desde el interior del país portan estas velas como una promesa. Asimismo, representan una fe que debe permanecer encendida en el corazón y que va más allá de la visita al templo. Esta práctica sigue siendo un testimonio vivo de la identidad cultural y religiosa de un pueblo que confía sus anhelos más profundos.

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